IMAGINERÍA GADITANA BARROCA

 

INTRODUCCIÓN

 

Los imagineros barrocos  

    Los escultores barrocos eran personas cultas. Tenían bibliotecas amplias de las cuales obtenían información para realizar luego sus obras (grabados de otros artistas importantes, libros religiosos, etc.).

    De 12 a 13 años entraban contratados como aprendices con otros  imagineros. Los contratos solían duran de 5 a 8 años.

    El aprendiz vivía con el maestro durante ese tiempo. Los  talleres eran de 2 plantas. En la planta baja estaba el taller y en la planta alta se encontraba la vivienda.

    Después del aprendizaje, el aprendiz realizaba un examen ante componentes del gremio. Aprobado el examen podía pasar a ser oficial o maestro directamente.

 

 

Realización de imagen  

    Primeramente se realiza un contrato, el cual se firma bajo boceto

    Los bocetos se realiza a escala en barro o en cera, o bien dibujados.

    Aceptado el boceto se procede a la firma del contrato que se hace ante notario.

    En Sevilla se conservan los contratos desde el siglo XV.

    En los contratos se estipulaban todos los detalles (materiales, plazos de entrega, cobro, y hasta si la escultura era realizada solo por el escultor o con ayuda de sus oficiales).

    A continuación las obras se realizan de barro a escala o a tamaño natural.

    A estas obras en barro, se les sacan moldes.

    Luego se procede al ensamble de las maderas, las cuales se adquieren en forma de costeros (vigas).

    El siguiente paso es el sacado de puntos. Con un aparato especial se traslada la medida del modelo al bloque de madera. Y luego se acaba la talla.

    Después de terminarse la obra se pasa al gremio de pintores.

 

 

Policromía  

    Primeramente se le da cola a la imagen.

    A acto seguido se entelan las juntas.

    Luego se le da yeso mezclado con cola. A esta mezcla se le llama aparejo o estuco.

    Cuando esta seco se lija todo el estuco para sacar los detalles.

    A continuación se le da una imprimación de bol a las vestiduras. El bol es una arcilla roja con cola floja, que se reblandece con agua y se le aplica el pan de oro.

    Luego se bruñe (sacar brillo metálicos) con una piedra Agata.

    Luego se procede a las encarnaduras. Se trata de dar color natural a las carnes.

    Hay dos tipos de encarnaduras:

        - Pulimento. Se pinta al óleo y se pule con la telilla interior de  la vejiga de los animales.

        - Mate. A pincel.

 

 

 Policromía de las vestimentas

 

    Sobre el oro se pinta todo con temple de huevo. Una vez seco se raya con un buril de caña para arrancar el temple que quede el oro.

    Se termina barnizando las prendas y dando los pequeños detalles.

 

 

 LOS IMAGINEROS

 

    Bien es sabido que la historia del Arte de Cádiz es un tema que nunca ha sido tratado con la debida profundidad y, dentro de él, la parcela dedicada a la imaginería policromada ha sido olvidada o en la mayoría de los casos no se ha abordado con el rigor e importancia que el hecho requiere.

    Por tales motivos iniciamos ahora  un  somero estudio de estas obras de arte, tratando de hacer una aproximación a este apasionante mundo de la estatuaria policromada.

 

 

 El Siglo XVII

 

    Debido a la gran demanda de obras de arte con que se han de decorar los futuros templos, hay una llegada de escultores y tracistas desde lugares muy distantes o próximos de nuestra geografía, e incluso más allá de nuestras fronteras, y se afincarán en Cádiz de forma transitoria unos y definitiva otros.

    

    El escultor Alonso Martínez es el mas activo en Cádiz en el siglo XVII por el elevado numero de obras que deja en las iglesias gaditanas. Por su importancia para la imaginería gaditana, analizaremos la obra que es titular de la Archicofradía de  San Antonio, el Señor atado a la columna.

    

    La imagen del Señor de la Columna es de tamaño mayor que el natural,  tallada en madera de cedro, siendo una de  las obras cumbre de la Semana Mayor gaditana. Escultura de gran corrección anatómica, cubriéndole   la zona de la pelvis el paño de pureza,  atado con cuerda y nudo  lateral  en  la  parte izquierda. La   talla del cabello esta resuelta a grandes gubiazos,  partiendo de raya central y cayendo en grandes mechones. De impresionante puede calificarse el rostro, que nos revela todo el drama del terrible y doloroso suplicio de la flagelación.

    También nos llega el Nazareno de Santa María, obra de un escultor genovés llamado Jacome Velardi que hasta el momento nos resulta desconocido. La talla ha pasado por intensas reformas, como prueba de su antigúedad.

    En los sucesos de la contienda civil sufre daños de elevada consideración, en que sólo se salvan las manos y la cabeza.

    Representa la imagen del Señor en la subida al Calvario, con la Cruz sobre sus hombros, que es una pieza de elevado interés artístico, del siglo XVII, elaborada con planchas de carey y perfiles de  plata. En la reconstrucción de la imagen en 1.939 no se conservó la misma postura que tenía con anterioridad al saqueo.

 

    El escultor Jacinto Pimentel es el primero en aparecer documentado en San Agustín y, dada la importancia de una obra procesional suya:  "El Señor de la Humildad y Paciencia", lo citamos en primer termino. Artista procedente de la zona norte-extremeña o incluso salmantina,  llega a establecerse en Sevilla como oficial de Francisco de Ocampo (1.624).

 

    Quizás atraído por la demanda existente de escultores,  lo encontramos documentando en nuestra ciudad en 1.638, el Cristo de la Humildad y Paciencia y que abordaremos con mas amplitud.

    La llegada a Cádiz de Pimentel y el encuentro con José de Arce y más tarde con Alonso Martínez, dentro del ambiente  artístico de San Agustín, que revestía una inusitada actividad, debió de provocar un cambio de rumbo en su estilo, pues solo así se explican las notables diferencias entre la etapa sevillana y la gaditana.

    Tuvo especial importancia para el arte en Cádiz y para el estudio de la escultura sevillana del XVII el  hallazgo casual  de la fecha y  firma en la que creemos que es su obra maestra:  El Cristo de la Humildad y Paciencia de la Iglesia de San Agustín,  en donde reside la cofradía de la que es Titular desde su fundación en los albores del siglo XVII. Fue precisamente en el curso de una restauración que efectúa el profesor Arquillo Torres en 1.984, cuando se pudo leer una inscripción en el interior de la roca en la que se asienta la imagen:

    "Jacinto Pimentel fecit 1.638".  Esta fecha, la mas temprana conocida del escultor en Cádiz. Hace que esta obra sea de una estética muy avanzada para estos lustros.

    El señor de la Humildad es una talla de gran valor artístico   e   iconográfico, realizada en madera de cedro y  de  tamaño  superior  al natural,  siendo la obra de esta temática de mas calidad entre   las   existentes   en Andalucía. Representa, según modernos descubrimientos, una escena alegórica muy frecuentes en tiempos pretéritos: "Cristo meditando sobre la Pasión".

    Como todas las tallas ejecutadas en estos lustros, se denota la sabia composición en la colocación de los ensambles de las maderas, el poco espesor empleado en el aparejo, la atinada policromía, la discreción en la sangre, los profundos conocimientos anatómicos, y en suma, la magnifica representación del Señor en la Pasión.

 

    Respecto al escultor flamenco José de Arce, documentado en los conventos de San Agustín y la Merced. Fue un gran artista  que ejerció poderosa influencia en sus coetáneos, en particular en Pimentel y en Alonso Martínez, de quien trataremos mas ampliamente.

    Como hecho aislado y dentro de este orden cronológico, procede hablar aquí de la mas importante y famosa de nuestras esculturas procesionales, el Santo Crucifijo de la Buena Muerte que se venera en San Agustín.

    En cuanto a la peculiar talla y tratamiento de la barroca cabellera ofrece ciertas similitudes con los ángeles atlantes del retablo mayor de Santa Cruz (Cádiz), obra de Alonso Martínez.

    Representa la imagen al Redentor clavado en la Cruz, instantes después de haberse producido el óbito; por ello la lanza es aun reciente, no ha hecho aparición el "rigor mortis" ni las livideces cadavéricas, ni por supuesto ofrece el rostro la facies hipocrática, mostrándose todo el cuerpo descolgado tirando de los brazos. Su análisis pone en evidencia a un artista fuera de serie, con facultades poco comunes, con un dominio excepcional de la técnica,  que  se  pone  de manifiesto al contemplar como se han resuelto los agitados paños del sudario, la cuerda que lo anuda, y detalles tan insólitos como la espalda o las nalgas.

 

 

El Siglo XVIII

 

    El  Ecce-Homo de San Pablo es una escultura atribuida de siempre a Ignacio Vergara, y adscrita recientemente a José Montes de Oca, escultor que tenemos trabajando en Cádiz en el primer tercio del siglo XVIII. Fue en sus primeros años de aprendizaje discípulo de Pedro Roldán, aunque sus formas delaten en cierto modo una vuelta a la estética montañesina. 

    El Ecce-Homo de San Pablo es una escultura procesional de primera fila, de gran veneración y perteneciente a una hermandad de rancio abolengo. Representa el momento en que Jesús es humillado, con la mirada baja, coronado de espinas, maniatado, con una caña entre las manos, y cubierto con manto púrpura mientras es presentado al pueblo por Pilatos. La talla es ahuecada en su interior, pensando en las salidas procesionales, realizada en madera de pino y cedro, mezcladas con una policromía de tonos claros y transparentes que le dan un aspecto realista y carnoso, en la que destacan  las heridas provocadas en la flagelación y coronación de espinas.

 

    En el último tercio del siglo XVIII, en cuanto a las imágenes importadas, nos corresponde describir una de las mejores obras del setecientos de Cádiz,  como broche de oro de una centuria tan fecunda para el arte, el Crucifijo de Vera Cruz. Titular de la hermandad decana, se venera en precioso retablo dieciochesco, de los llamados de porcelana (atribuido a Gonzalo Pomar), en el convento de San Francisco, siendo una de las joyas  de  la  Semana  Santa. Tallado en madera de abedul, su autor hace alarde de verdadero virtuosismo en el uso de las gubias, con profundos conocimientos anatómicos, y también en el estudio de los paños, que se nos presentan de forma realista agitados por el viento. En el análisis del rostro, de serena expresión, en el que no esta presente la huella de la muerte, se pone de manifiesto la vocación clásica del artista. El cuerpo ofrece un modelado pormenorizado, que realza la singular policromía de tonos claros y verdosos, recordándonos crucifijos italianos realizados en marfil o en mármol.

    Aunque se desconoce su autor se identifica con obras de Giuseppe Piccano, escultor napolitano de gran actividad en la ciudad del Vesubio.

 

 JULIAN ARIAS BENÍTEZ

 JUAN MANUEL RODRÍGUEZ MARTÍNEZ