PRIMER PREMIO DEL CONCURSO DE RELATOS
SIEMPRE IGUAL
Triste y apagada amaneció la mañana, frías y solitarias las calles de su ciudad, frías nubes en el horizonte, triste el sol no se decidía a calentar, apagadas las luces de neón, solitaria la luna murmuraba su adiós.
Se vio como un extraño al despertar, se puso los vaqueros y se colgó la chaqueta al hombro, bajó paso a paso las escaleras, abrió la puerta y la mañana le dibujó una amarga sonrisa, cabizbajo anduvo hacia el coche, descansó sus brazos sobre el volante, arrancó, dieron las seis en el reloj y en la radio comenzó a sonar un viejo blues llamado "Wonderfull live". Aquella optimista canción le hizo sonreír y mientras las cuatro ruedas de su coche rodaban por las tristes, apagadas, frías y solitarias calles aquel blues narraba lo maravilloso que era vivir. Aparcó en doble fila frente a su casa, hizo sonar un par de veces el claxon y ella apareció bajo el marco de la puerta cargada de maletas. Bajó y alivió el peso de sus manos de aquellas maletas repletas de recuerdos en donde no había ni el mas mínimo hueco para la alegría, le dio un beso sin ni siquiera mírarle y cargaron las maletas en el capó. Se dirigieron hacía las estación de trenes, aún sonaba aquella canción y ella no pudo disimular una irónica sonrisa, apagó la radio, ella apoyó su codo en la ventanilla y la cabeza en su mano, no habló durante un buen rato, él quiso sacarle conversación y sólo se le ocurrió decírle "Quiéreme siempre", entonces ella rompió a llorar y el maldijo aquellas palabras que habían salido de su boca, con serena tristeza y lágrimas en los ojos llegaron a la estación. Descargaron su equipaje en el andén, ella se acercó a una máquina de tabaco para comprar un paquete, introdujo el dinero y no salió nada, le miró, se volvió hacía la maquina y le arreó una patada con el tacón de su bota, la máquina se tambaleó y soltó un par de paquetes de su tabaco preferido, abrió uno y le ofreció a él, negó querer con la cabeza y ella cogió uno y lo encendió, rompieron aquel silencio de locura besándose y abrasándose con más fuerza que nunca mientras la gente pasaba junto a ellos, empujando y con prisas de un lado a otro él recordó aquella escena de Casablanca donde Humphrey buscaba desesperado en la estación a Ingrid Bergman entre el bullicio de la gente y la lluvia, volvió de nuevo a la realidad, ella tenla su mirada puesta en él y de repente sonó entre ella y él, el silbato del tren, ella le dijo "Adiós, cuidate" y el respondió "Quiéreme siempre y ten valor" esta vez ella sonrió, le dio una calada al cigarro, anduvo lentamente hacia el tren y volvió a mirarle, el intento sonreír, pero el frío le llego desde el estómago al corazón, ella tiro el cigarro al suelo, subió al tren, desapareció para siempre de su vista y el tren se marchó. En aquel momento sólo le quedo aquel cigarro del que ella habla fumado, tirado en el suelo consumiéndose poco a poco, se quedo mirándolo, el viento lo hizo rodar un poco, la boquilla se encontraba humedecida por sus labios y entonces se acerco, lo cogió y fumo de el, sintió al acercar sus labios a la boquilla como si la estuviera besando y al aspirar el humo como si ella se infiltrara dentro de el pasando por su garganta hasta llegar a sus pulmones, muy cerca del corazón, retuvo el humo un poco, lo soltó y el grisáceo humo salía de su boca y se perdía delante suya, desaparecían ante sus ojos y fue entonces cuando verdaderamente se dio cuenta de que ella había desaparecido y había salido de su vida como el humo de sus pulmones, tiro el cigarro y un anónimo pie lo pisó.
Ya nada volvía a ser igual, todo seguía como siempre pero ya nada er igual, siempre la misma rutina, el amanecer, mediodía, el atardecer, el anochecer, la noche ... ... el amanecer.
Ya había quedado atrás el amanecer, reinaba el medio día, el cielo a estas horas parecía majestuoso, lleno de gloria y esplendor, el sol firme permanente allá en el horizonte lleno de soberanía y grandeza, el aire se enrarecía a estas horas, el ambiente aparecía estático e inmóvil.
Luego vendría el atardecer donde el sal perdería volumen y majestuosidad, se empezaría a ahogar su soberbia y aparecía con un semblante más vehemente y decorable, comenzaban a tornarles tonalidades rojizas, se tornaba de matices escarlatas y medusas en forma de labios de mujer dando besos de placer, el cielo se llenaba de tinturas granate y se convertía en el mejor decorado para el mundo que cubría.
Ella se encontraba a estas horas al otro lado del mundo, sentada en un cutre sillón retocándose de nuevos los ojos a miles de pies de altitud en un avión de tercera clase, tan elevada, tan cerca de la cúspide, rodeada de nubes blancas, desde arriba se veía todo pequeño e insignificante.
El desde abajo lo veía todo inmenso y majestuoso, dentro de unas horas llegaría el atardecer, se reuniría con sus colegas en la playa para ver la puesta de sol y celebrar el comienzo de la noche con gritos y alcohol, como siempre, como de costumbre pero distinto, sin ella.
Como una lágrima desapareciendo en el ancho mar, se desvanecía el sol allá en el horizonte vomitando sus últimos rayos de vida, quizás los más bellos de todo el día, colores sangre y oro, un espectáculo natural del más inmaculado arte que comenzaba cada día a las nueve. La más grandiosa obra de arte que se exhibía gratis a todo el mundo y que tan sólo unos pocos privilegiados gozaban de la gran suerte de contemplarlos.
Salían silbando desde sus agujeros desde el suburbio poco antes de que el sol se fuera, asistían sin falta al dulce adiós del día con las manos aferradas a las cervezas en un continuo balanceo melódico al chocar con las hebillas plateadas de su chaqueta de cuero las botas se sumergía en la blanca arena mientras caminaban con dificultad, encorvados, en un plan un tanto vacilon buscando un lugar donde acomodarse para contemplar el espectáculo, el día comenzaba a tornarse púrpura mientras les acariciaba la suave brisa marina, el sol descendía lentamente y se refrescaban con su aliada, la eterna y tan placentera cerveza, símbolo de aquella generación que en tantos acontecimientos importantes ha estado presente, el mar azul parecía fundirse con el ardiente sol, activo y vehemente, violento y caliente, las miradas se clavaban en el cielo que cambiaba de color constantemente y alguna gaviota que volaba parecía apoyarse en el sol sin que su fuego la fulminara, un avión atravesaba el suelo dejando un rastro que parecía rasgar el cielo pintado por no se sabe que manos y entonces todos deseaban tener cámaras para poder plasmar aquella explosión de luz y color en un fotografía y tenerla para siempre cómo sí de una hermosa postal se tratase, se sentían orgulloso de vivir en una ciudad abierta al mar donde poder contemplar aquella divina maravilla, luego, el sol besaba el mar y con un guiño una última mirada se despedía de ellos dejando como recuerdo una mezcla de colores en el cielo que ni el más refinado pincel hubiera podido superar, se quedaban contemplando aquel óleo en el cielo, él imaginaba cómo en otro lugar del mundo el sol estaría resucitando en otro lejano mar a la vez que se marchaba de sus ojos, seguramente ella estaría contemplando aquel milagro invertido, en unos minutos el coloreado cielo se transformaba de nuevo negro y oscuro y con un increíble sincronismo las luces de la ciudad comenzaban a brillar, cerveza a chorros, los nervios de punta y las ideas confusas, tan sólo esperaban que en el cielo apareciera la señal de la noche.
Una vez más al irse el día despertaba la noche y apareció la luna cómo una mirada blanca y pulcra entre dos rascacielos, rodeada de oscuridad, clara y nítida, completamente redonda cómo un ojo avizor, velando por las almas nocturnas y todas sus mentes y sus cuerpos se transformaban de forma insólita, hechizados por su embrujo e influjo natural, explosionaba muy dentro de ellos unas enormes ganas de vivir.
Todos empezaron a gritar y a bailar alrededor del fuego que habían encendido, parecían revivir los más viejos espíritus indios e infiltrarse entre ellos, alguien roció el fuego con gasolina y aumentó en grandes proporciones, la luna y el fuego eran los únicos testigos de aquella danza india, la luna y el fuego siempre fueron los únicos que pudieron presenciar en aquellas colinas del lejano oeste a los indios danzar con sus pinturas de guerra, la luna representaba el orgullo, en lo más alto, el fuego la esperanza, seguidamente como si de un ritual se tratase todos se dirigieron a los coches, los motores rugieron como bestias y se lanzaron en una vertiginosa carrera por la gran avenida mientras lanzaban botellas al asfalto y los cristales rotos resplandecen ante las luces de neón que se asustaban al verlos pasar, la luna siempre delante de ellos no desaparecía de su vista a pesar de la velocidad, les guiaba a no se sabe que lugar.
La oscuridad avanza y nadie puede pararla, el asfalto y las manos se enfrían, es la hora en que los gatos abandonan sus guaridas, agazapándose en cada esquina, miran, se encogen, observan, estudian, corren rápidamente rozando las paredes, de nuevo quedan paralizados, estáticos, resplandecen sus pupílas y de un veloz salto vuelven a agazaparse. Allá arriba en el cielo, tintinean las estrellas, tan lejanas y cercanas a la vez, miles de ojos centelleantes cotilleando a través de la oscuridad de la noche. Ella allá tan lejos se pinta los labios ante un espejo, labios de corazón, su boca siempre entreabierta susurrando palabras de amor, retoca sus mejillas y se seduce a ella misma, no se detiene a peinar sus cabellos, siempre despeinada, dulce y picante, sabrosa y perturbadora, mirando siempre descarada. En su interior rabia y soledad, en el exterior oscuridad y aquella luz roja del semáforo infiltrándose a través de la ventana. En el aire ya se palpa la tímida humedad de las noches de abril.
Una vez más, poco a poco va cerrándose el ciclo,, la noche va transcurriendo entre risas y alcohol, entre llantos y barras de labios, en algún rincón él estará recordando sus labios, en algún lugar ella recordara sus ojos, alguien escribe sobre la vida en algún lugar al son de una vieja canción pinchada por un olvidado disc-jockey en un apartado rincón del dial del negro transistor. La noche va muriendo y ya se empieza a traslucir de nuevo la mañana, todo ha cambiado pero todo sigue igual, la mañana, el mediodía, el atardecer, el anochecer, la noche,... ... la mañana.
SIEMPRE IGUAL.
Juan Antonio Fuentes Flores
2º de ECA B.