POEMA DE PABLO NERUDA A LA MUERTE DE

MIGUEL HERNANDEZ

 

Por J. Antonio macías

Profesor de Tecnología

Administrativa

    

    Entre las grandes elegías más conocidas: la de Jorge Manrique a su padre, "Llanto por Ignacio Sánchez Mejías" de Lorca, y la de Miguel Hernández a la muerte de su amigo Ramón Sijé, hay otra que, por menos conocida, no debemos dejar en olvido, y menos en estas fechas en las que se cumple el cincuentenario de la muerte, en la cárcel de Alicante, del gran poeta oriolano Miguel Hernández.

    El poema a que nos referimos es de Pablo Neruda, amigo y entusiasta compañero del joven Miguel desde su llegada a Madrid en 1.935

 

    Miguel Hernández es , sin duda alguna, uno de los grandes poetas de este siglo, "genial epígono del 2711 como dijera de él Dámaso Alonso. Brillante sonetista (estamos, como algunos estudiosos han reconocido, en la sublimací6n del soneto) y de una fuerza expresiva que pocos como él han sabido dotar al verso en nuestra lengua.

 

    Después de una vida llena de sinsabores; guerra civil, lejos de su familia, muerte de su hijo.., para culminar su corta trayectoria de hombre elegido para la poesía, es encarcelado, juzgado en Enero de 1940 y condenado a muerte por su participación en la guerra civil al lado del bando republicano.

    El recurso de gracia para la conmutación de la máxima pena a la de 30 años, es apoyada por la gestión de Jose María de Cossio, Dionisio Ridruejo, y Sánchez Mazas, entre otros escritores que, por pertenecer al régimen, mantenían cierta influencia.  

    Trasladado más tarde al penal de Ocaña, permanece hasta Junio de 1941 en el que lo trasladan al Reformatorio de Adultos de Alicante.

    La neumonía adquirida en la cárcel de Palencia, se complica en la de Ocaña hasta convertirse en una tuberculosis galopante que debilitará alarmantemente su organismo en la prisión de Alicante.

 

    Miguel era un muchacho ,alegre, confiado y no aguardaba daño", según escribió Vicente Aleixandre, pero nunca dejó de sufrir.

 

    En la madrugada del 28 de Marzo de 1942, después de tres años de terribles sufrimientos, a los 32 años de edad, cerraba una vida desdichada y abría una eternidad en la Historia de la Literatura. Como escribiera Leopoldo de Luis: "la primavera, recién estrenada, debí6 de regresar de súbito al invierno, porque algo alto y hermoso se helaba para siempre."  

    Ante esta brutal desaparición del gran poeta, escribió su gran amigo y protector Pablo Neruda:

 

A MIGUEL HERNÁNDEZ ASESINADO EN LOS PRESIDIOS DE ESPAÑA

 

Llegaste a mí directamente del Levante. Me

    traías,

pastor de cabras tu inocencia arrugada, 

la escolástica de viejas páginas, un olor

a Fray Luis, a azahares, a estiércol quemado 

sobre los montes, y en tu máscara 

la aspereza cereal de la avena segada 

y una miel que media la tierra con tus ojos.

 

También el ruiseñor en tu boca traías.

Un ruiseñor manchado de naranjas, un hilo 

de incorruptible canto, de fuerza deshojada. 

Ay, muchacho, en la luz sobrevino la pólvora 

y tú, con ruiseñor y con fusil, andando 

bajo la luna y bajo el sol de la batalla.

 

Ya sabes, hijo mío, cuánto no pude hacer, ya sabes

que para mi, de toda la poesía, tú eras el fuego azul.

Hoy sobre la tierra pongo mi rostro y te escucho,

sangre, música, panal agonizante.

 

No he visto deslumbradora raza como la tuya,

ni raíces tan duras, ni manos de soldado,

ni he visto nada vivo como tu corazón

quemándose en la púrpura de mi propia bandera.

 

Joven eterno, vives comunero de antaño,

inundado por gérmenes de trigo y primavera,

arrugado y oscuro como el metal innato,

esperando al minuto que eleve tu armadura.

 

No estoy solo desde que has muerto. Estoy con los que

    te buscan.

Estoy con los que un día llegaran a vengarte. 

Tú reconocerás mis pasos entre aquellos 

que se despeñarán sobre el pecho de España, 

aplastando a Caín para que nos devuelva 

los rostros enterrados.

 

Que sepan los que te mataron que pagarán con

    sangre.

Que sepan los que te dieron tormento que me verán 

    un día.

 

Que sepan los malditos que hoy incluyen tu nombre 

en sus libros, los Dámasos, los Gerardos, los hijos 

de perra, silenciosos cómplices del verdugo, 

que no será borrado tu martirio, y tu muerte 

caerá sobre toda su luna de cobardes.

Y a los que te negaron en su laurel podrido, 

en tierra americana, el espacio que cubres 

con tu fluvial corona de rayo desangrado, 

déjame darles yo el desdeñoso olvido, 

porque a mi me quisieron mutilar con tu ausencia. 

Miguel. lejos de la prisión de osuna, lejos 

de la crueldad, Mao Tse-tung dirige 

tu poesía despedazada en el combate 

hacía nuestra victoria.

 

    Y Praga rumorosa 

construyendo la dulce colmena que cantaste, 

Hungría verde limpia sus graneros 

y baila junto al río que despertó del sueño. 

Y de Varsovia sube la sirena desnuda 

que edifica mostrando su cristalina espada.

 

Y más allá la tierra se agiganta,

    la tierra, 

que visitó tu canto, y el acero 

que defendió tu patria están seguros, 

acrecentados sobre la firmeza 

de Stalin y sus hijos.

    Ya se acerca

la luz a tu morada.

    Miguel de España, estrella 

de tierras arrasadas, no te olvido, hijo mío, 

no te olvido, hijos!.

    Pero aprendí la vida 

con tu muerte: mis ojos se velaron apenas, 

y encontré en mi no el llanto 

sino las armas

inexorables!.

    Espéralas! Espérame!!